Con los ecos de su éxito en Los Ángeles y de los aplausos y el calor que acababa de recibir en Madrid, Jorge Drexler se presentó en Pirineos Sur ante una audiencia sometida de antemano a sus encantos y ofreció un concierto de oro en la noche dedicada al Río de la Plata. Hasta la media luna argéntea que brillaba sobre el escenario se ocultó en el momento en que Drexler apareció ante los espectadores entre el silencio más absoluto y la más absoluta oscuridad. El brillo de su voz y de su música y la intensidad y la verdad de sus letras hicieron resplandecer oscuridad y silencio.
Más de cuatro mil personas asistieron anoche en el Auditorio Natural de Lanuza a uno de los conciertos más esperados de la XVI edición de Pirineos Sur. En una noche fría, Drexler logró el reto de transmitir calor a la audiencia de forma poco habitual: con la melancolía, casi amargura, y el desasosiego como ejes de su repertorio. El cantante uruguayo fue conduciendo a los espectadores en un viaje alegórico cuya guía fue la oscuridad y el silencio, silencio puro y trascendente que Drexler iba rompiendo de forma magistral con la calidez y la elegancia de su voz.
Deshizo el primer silencio con 12 segundos de oscuridad –título que da nombre a su octavo álbum y con el que comenzó el concierto-. Siguieron a este tema Polvo de estrellas, La vida es más compleja de lo que parece o Hermana Duda. De forma pausada, como es natural en él, fue desgranando su repertorio y ofreciendo una lección de optimismo y amor a la vida en medio de una aparentemente insondable nostalgia Transoceánica. La oscuridad y el silencio iban hilando su repertorio. Silencio puro y trascendente que una de las voces más atractivas e interesantes de la canción invitó a compartir a los espectadores para demostrar que se puede sacar partido a todas las cosas de la vida.
Se retiró pronto del escenario dejando al público enamorado de su voz y su presencia y ansioso por continuar el viaje en el que Drexler les había embarcado. El cantante volvió a escena con la canción La Frontera e hizo un bis que duró más de cuarenta minutos. Aún tuvo que regresar en otras dos ocasiones obligado por los aplausos de los espectadores.
La luz del faro de Cabo Polonio en Uruguay, donde Jorge Drexler compuso la mayoría de las canciones que interpretó ayer en Pirineos Sur, se reflejó en las aguas del lago de Lanuza por la magia del cantante uruguayo. Dos paradisíaco parajes, uno de costa y otro de montaña, unidos por una voz, por el silencio y por la música que este año va llegando al Festival por medio de los ríos del mundo.
La noche dedicada al Río de la Plata comenzó con la actuación de Ariel Prat, quien tomó los corazones y las caderas de los espectadores y los hizo bailar con ritmos que avalan a este creador abonado a la crítica urbana y social. Tangos, candombes, milongas, murgas porteñas y de Cádiz, todo un espectro musical que fue desenvolviendo a lo largo de más de una hora y media.
Tango negro, Yuyo verde, Señor Pamela fueron algunos de los temas que arrancaron al público risas y bailes, el magnifico percusionista Martín Bruhn apenas pudo respirar al ritmo que marcaba Ariel Prat. Su famoso tema Los trasplantados de Madrid divirtió de lo lindo a un publico que empatizó con todas sus canciones y que se comprometió con todas las reivindicaciones sociales de Qué loca la luna, con el que terminó, exhausto y encantado, un encuentro cultural que lleno de satisfacción la noche de Lanuza.
Hoy martes comenzará con el concierto de Los Juncales, un espectáculo que aúna la fuerza y la creatividad de los artistas jerezanos: Diego Carrasco, Tomasito, Moraíto,… con la nostalgia de un trianero que perdió su barrio: Manuel Molina. Y luego Antonio Carmona aportará a Pirineos Sur el calor de su música y los sonidos del Guadalquivir. |